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sábado, 16 de enero de 2010

DOLENCIAS MENTALES EN VENEZUELA

La ansiedad es la principal enfermedad mental del venezolano. De acuerdo con los cálculos de Min-Salud, 216.957 personas, es decir, 0,77% de la población, sufren de algún trastorno.

Las cifras son elocuentes. Cifras del Ministerio de Salud señalan que para 2008, 216.957 individuos sufrían de algún tipo de trastorno mental en Venezuela. Tomando como punto de partida que el Gobierno afirma que la población general del país en ese momento era de 27.934.783 personas, entonces los afectados representarían 0,77%.

El Distrito Capital es la entidad con mayor cantidad de casos, seguida de Miranda y en tercer lugar, Zulia. Luego están Carabobo, Monagas, Aragua, Táchira, Guárico, Lara y Mérida. Delta Amacuro se encuentra en el último peldaño.

La organización no gubernamental Provea requirió al organismo estatal, en el ejercicio del derecho de acceso a la información, que le proporcionara las estadísticas de trastornos mentales que ellos manejan.

La data fue entregada por el coordinador nacional del Programa de Salud Mental, Celso González. Del informe se desprende que los trastornos de ansiedad son los que se presentan con mayor frecuencia. En total, 23.271 hombres y 19.195 mujeres sufren de fobias, síndrome obsesivo compulsivo, ansiedad generalizada y estrés. Suman 42.466 personas.

La Organización Mundial de la Salud considera la ansiedad como la principal causa de discapacidad. Según cálculos de esa institución, globalmente hay 154 millones de personas que se ven afectadas por ese mal.

"En ese sentido nos encontramos dentro de la media mundial. No hay ninguna diferencia estadísticamente significativa. Igual ocurre con la esquizofrenia", indicó González. El especialista reconoció que en las cifras presentadas puede haber un subregistro equivalente a 20% porque en la recolección de información no se abarcan todos los hospitales ni todos los servicios de salud.

No obstante, aclaró que en el informe de 2008 se modernizaron los criterios para la presentación de los resultados sobre enfermedad mental en el país y se adaptaron a los estándares internacionales.

La segunda afección más frecuente se refiere a trastornos de personalidad. En total 31.225 personas la padecen.

En tercer lugar están las disfunciones sexuales, entre las que destacan la eréctil, la orgásmica, eyaculación precoz y bajo deseo sexual. También se incluyen el déficit de atención, la epilepsia, el retardo mental, abuso de drogas, demencia y el trastorno bipolar.

El documento señala que en todo el país hay 1.866 camas en establecimientos psiquiátricos de larga estancia. En el supuesto de que todas funcionaran, sólo cubrirían 0,86% de la demanda existente para 2008. Además, 46 ambulatorios están acondicionados para atender enfermedades mentales. Si se toma en cuenta que hay 216.957 pacientes, ese número representaría apenas disponibilidad para 0,02%.

En la información proporcionada por el ministerio se establece que entre sus metas se encuentra: "Establecer políticas públicas de salud dirigidas al rescate y humanización de establecimientos de larga estancia en escala nacional, con miras a lograr estrategias de obtener una mejor calidad de vida, que permita a los pacientes crónicos una adecuada rehabilitación y reinserción social".

Esperan obtener un registro de morbilidad, data confiable y actualizada sobre la verdadera situación de la salud mental, y aspiran a incorporar a la comunidad, a través de la capacitación de líderes en salud mental, en el control de riesgo, detección y registro precoz de patologías.

En el ministerio se encuentran en la etapa final de elaboración de un nuevo informe, que sentará las bases para diseñar un plan de acción para 2010.

El problema en cifras:

Pacientes afectados

La mayor cantidad de dolencias mentales registradas se encuentran en el Distrito Capital, aunque en todo el país hay subregistro


PATOLOGIAS

TOTAL

%

Trastornos de ansiedad

(Fobias, obsesivo-compulsivo; ansiedad generalizada y estrés)

42.466

23,80

Trastornos de personalidad

31.225

17,50

Disfunciones sexuales

(disfunción eréctil, orgásmica, eyaculación precoz y bajo deseo sexual)

19.752

11,07

Déficit de atención

15.077

8,50

Depresión

12.312

6,90

Abuso de drogas

12.187

6,83

Trastorno mental orgánico

8.725

4,89

Trastorno psicótico

7.637

4,28

Trastorno bipolar

6.513

3,65

Trastorno de aprendizaje

5.799

3,25

Demencias

3.212

1,80

Epilepsia

2.320

1,30

Esquizofrenia

2.141

1,20

Retardo mental

1.088

0,61

Autismo

803

0,45


LAURA WEFFER CIFUENTES
lweffer@el-nacional.com

Fuente
16-Enero-2010



jueves, 7 de enero de 2010

"SOY BIPOLAR Y DECIDÍ ESTAR BIEN"

El candidato a la presidencia del mundo caminaba por las calles bogotanas rodeado de escoltas. Una tarde, aceptó el ofrecimiento de su cuñado y fue a comprar un carro en el concesionario que él administraba. Ambos salieron a probarlo. Mientras su cuñado manejaba, el candidato pensaba en lo que iba a hacer para acabar la pobreza planetaria.

Pocas cuadras después, la Policía los detuvo; justo en la esquina de la calle 134 con 19. Le faltaban al nuevo carro algunos documentos. Por favor, los dos se bajan. Al candidato lo entraron a la fuerza al edificio que quedaba cruzando la calle. Era la Clínica Montserrat, especializada en pacientes con enfermedad mental.

Carro, policías, papeles, todo formaba parte de una medida desesperada de los familiares de Jorge Cardoso Llinás.

–¡Lo que faltaba: que mi familia diga que estoy loco! La reacción de Cardoso no impidió que las enfermeras le fueran retirando reloj, gafas, saco, y le administraran medicamentos antipsicóticos.

Su etapa de manía había llegado al límite, aunque él todavía no se reconocía enfermo.

Hoy, con la serenidad que da el tiempo, acepta que sus familiares hicieron lo mejor. La lucha por la presidencia mundial era sólo una de sus metas entonces. También pretendía crear un imperio económico, se había metido en negocios de ropa y joyería. “Moví tanta plata, que me fui a la quiebra y me llevé buena parte del patrimonio familiar”, dice.

Pero antes de la manía, vivió su opuesto: la depresión, “la muerte en vida”.

Primero fue la tristeza Dieciséis años. De un momento a otro Jorge no volvió a llegar a casa con las mejores calificaciones del Gimnasio Campestre, como tenía acostumbrada a su familia. ¡Eso son los amigos! ¿En qué anda? Jorge estudiaba más, pero no entendía nada. El cerebro no le respondía. Sin embargo, por qué pensar en una enfermedad, y menos una maniaco-depresión (hoy llamada trastorno bipolar). Lo suyo se debía a causas externas, tal vez al estrés, pensaban todos.

“Pasé la depresión a palo seco”, dice. Como un estudiante apenas promedio, salió del colegio y llegó a la Universidad del Rosario a estudiar derecho.

Ahí sí concluyó: “Me embrutecí”. La inteligencia que antes la gente le reconocía se había esfumado. “Viví un infierno en silencio. Todos me exigían más y más, pero no sabían lo que yo sentía”.

Pasó raspando los años de carrera. Su novia de entonces le ayudaba con los trabajos y quiso saber qué le pasaba. “Me llevó a un acupunturista, a un homeópata, a un psicólogo (que no descubrió nada) y hasta donde un sacerdote”.

Y nada. Un Cardoso triste y apático se graduó del Rosario y se especializó en los Andes en derecho financiero. (Todavía hoy no se explica cómo).

Hijo de familia acomodada, papá abogado, abuelo ex ministro y ex alcalde (el médico Juan Pablo Llinás), Jorge consiguió un buen trabajo como abogado en el Banco Popular. Finalizaban los años ochenta.

Pero entonces “explotó la bomba”, como él mismo lo describe. Actividades que antes le significaban una hazaña semejante a escalar el Everest (levantarse, bañarse, vestirse...), empezó a realizarlas con velocidad y entusiasmo.

Llegaba la manía, sin que Jorge le pusiera ningún obstáculo. Tenía 25 años.

Y a esa edad qué mejor que tener toda la energía posible. Cardoso se llenó de proyectos. En el banco tenía tres secretarias a su servicio que no alcanzaban a seguirle el ritmo. Al mismo tiempo empezó a crear otros negocios. Tenía crédito abierto y seis tarjetas a su gusto.

Hablaba mucho. Aún en la madrugada seguía conectado al teléfono para supervisar sus proyectos. En medio de un río de ideas, una se le clavó en su mente: acabar con las desigualdades entre las personas. Para lograrlo necesitaba poder, y lo tendría como presidente de Colombia. Mejor: del mundo. Planeó su candidatura. Alcanzó a hacer reuniones y contar su proyecto. Contrató escoltas. Era el elegido.

“Por primera vez en muchos años sentí deseos de vivir. Era como adrenalina que me inyectaban en el cerebro”.

No había razón para cambiar. Pero su familia pensaba diferente: algo está mal con Jorge. No duerme. Ha perdido mucha plata. Lo van a despedir del banco (había pedido una licencia porque su tiempo lo dedicaba a su campaña).

Lo que busca no es coherente.

Él iba a una velocidad, el resto del mundo a otra. Decidió que la razón la tenía él y se alejó de su familia. Compró una casa en Carmen de Apicalá y se fue a vivir allá. Sería bueno, sí, tener un carro más potente. Por qué no comprar el que le ofrecía su cuñado.

–Jorge se chifló –decían.

Su familia no tuvo más remedio que idearse aquel operativo para llevarlo a la clínica. Había llenado de deudas su casa. “Perdí un apartamento de mis abuelos. Porque, para completar, yo era el albacea testamentario; así que tenía poder para manejar todo”.

En la clínica lo estabilizaron y Jorge recibió la noticia: usted es bipolar.

Maniaco-depresivo. Un trastorno que produce cambios severos en el estado de ánimo. En algunos casos aparecen síntomas psicóticos. Y tiene un componente genético importante (Jorge recuerda que su abuela murió en una clínica psiquiátrica. “Nunca la diagnosticaron, pero era evidente su manía”).

Meses después de salir de la clínica, el péndulo de Cardoso giró hacia el otro lado. Cayó en depresión y no volvió ni a levantarse. “Quería dormirme y no despertar más”. Pensó que la solución era morir, aunque no intentó suicidarse.

Dosis diaria de litio El médico le recetó antidepresivos y salió de la crisis. Se sintió mejor, así que no había por qué creer que tuviera tal enfermedad. “Los locos son otros”, dijo y botó los medicamentos. Pero la idea de volver a hospitalizarse, tras un anuncio de nueva manía, lo hizo aceptar por fin su situación.

Ahora, a diario, toma una dosis de carbonato de litio, que le garantiza un alto porcentaje de estabilidad. También toma un antipsicótico... “para no volver a lanzarme a la presidencia del mundo”.

En estos años Jorge, preocupado por informar sobre la enfermedad, creó la Asociación Colombiana de Bipolares, que reúne a 120 personas. Al tiempo se crearon otras, como la de esquizofrénicos. Todas se reúnen en la Federación Colombiana de Salud Mental, de la que él es presidente.

No es uno de sus proyectos de manía: Jorge ha sido invitado a cinco congresos nacionales de psiquiatría y a uno mundial, en Canadá. Su voz es respetada como representante de los enfermos mentales.

“La maniaco-depresión es peligrosa. El que un loco salga por la calle corriendo se debe a que no sabe que está enfermo y que tiene tratamiento”.

Con 45 años, Cardoso ha logrado calibrar un radar para detectar qué cosas le hacen bien y mal. De las segundas se aleja sin dudarlo (licor, estrés).

“Como todo, es una decisión. Y yo decidí estar bien”.

–¿Y por qué decidió contar esta historia? –Sé que el estigma hacia el enfermo mental es violento. Pero lo hago para ayudar a los otros pacientes. Que vean cómo de un gran problema se puede tener una gran solución. En el país los enfermos mentales están metidos debajo de la cama, muertos del susto, y así no se defienden sus derechos.

Aquí nos estamos haciendo, literalmente, los locos con el tema de salud mental. Y es una bomba de tiempo.

LA MITAD HA INTENTADO SUICIDARSE En estado de manía, la enfermedad bipolar tiene síntomas como ánimo elevado, disminución del sueño sin tener cansancio, irritabilidad exagerada, hablar rápido, comportamiento agresivo, conductas imprudentes y, en casos severos, alucinaciones.

Los episodios de depresión se caracterizan, entre otros, por tristeza prolongada, ansiedad, pesimismo, indiferencia, dificultad para concentrarse, pensamientos recurrentes de muerte y suicidio.

Las primeras manifestaciones de esta enfermedad se presentan, en promedio, a los 18 años. Es un trastorno recurrente, lo que quiere decir que, si no recibe tratamiento, los episodios depresivos y maniacos son cada vez peores.

Es relativamente común: una de cada 100 personas la padece en su forma más grave.

Hombres y mujeres tienen las mismas probabilidades de sufrir la enfermedad bipolar.

El tratamiento con litio cambió el panorama de los pacientes, permitiéndoles llevar una vida casi normal. La psicoterapia es buena ayuda para evitar recaídas.

Según estudios, un 60 por ciento de los pacientes bipolares tiene una historia clínica de abuso o dependencia de alguna droga.

Entre una cuarta parte y la mitad de los bipolares se ha intentado suicidar por lo menos una vez.

DATOS DEL LIBRO ‘MARCADOS CON FUEGO’, KAY REDFIELD JAMISON.

MEJOR HABLAR "En el país estamos haciéndonos los locos con el tema de salud mental. Es una bomba de tiempo”.

Jorge Cardoso.

ALGUNOS FAMOSOS MANIACO-DEPRESIVOS Virginia Woolf, Robert Schumann, Ernest Hemingway y Abraham Lincoln forman parte de la lista de bipolares famosos. Están también William Blake y John Keats. Incluso se cita a Simón Bolívar.

Fuente:
12-Marzo-2006



"SOY UNA ENFERMA MENTAL"

Esta semana leí que personas que sufren de depresión hicieron una marcha en Bogotá para pedir que se les tome en serio. Hace poco, los siquiatras del país anunciaron que no están dispuestos a seguir trabajando dentro del sistema de salud si las enfermedades mentales no se tratan con responsabilidad.

Los pacientes se quejan porque no les dan citas a tiempo, porque los controles no son regulares, porque la medicina no llega en el momento adecuado, porque no los remiten a los siquiatras. ¿Por qué es esto tan importante? Yo tengo un trastorno bipolar, es decir, sufro cambios de estado de ánimo que van desde la euforia hasta la depresión. Antes de que me lo diagnosticaran hace ya tres años, fui tratada por depresión durante siete y tuve también ataques de pánico. Esto es que, de pronto, uno empieza a sentir literalmente pánico, uno quiere correr, siente que se va a morir, tiene taquicardias, sudoración. Pero esto sucede sin que algo real lo asuste a uno, se da porque sí; entonces, cuando termina el ataque, uno cree que se está enloqueciendo. Y se repite y se repite y empieza uno a sentir miedo de todo: de salir a la calle, de estar con otras personas, de manejar, de utilizar el transporte público… En mi caso, la depresión llegó con estos ataques de pánico, que se mezclaban con una ansiedad muy fuerte que me hacía sentir agitada, con la sensación de que algo grave estaba pasando o estaba por pasar. No podía quedarme quieta, no me podía concentrar.

Pero la depresión es mucho más que ansiedad: uno se siente vulnerable todo el tiempo, sensible, con ganas de llorar, las ideas se quedan en la cabeza martillando sin parar, se vuelven obsesivas, y con el paso de los días uno siente que no vale la pena, que la vida le quedó grande, que no puede enfrentarla, y se paraliza. De allí al suicidio falta poco. Yo no intenté matarme, pero sí sentí que no era capaz, no me podía concentrar, lloraba viendo cualquier programa medio sentimental en la televisión, me ponía brava por todo y creía que los demás estaban contra mí. Renuncié a mi trabajo, porque no me sentía capaz de asumir el estrés.

Me vieron varios médicos generales que me ordenaron exámenes para el corazón, la tiroides, la cabeza, y ninguno dio con el chiste, Y mientras tanto, la ansiedad, el miedo, la angustia y los ataques de pánico aumentaban. Hasta que un ginecólogo me remitió al siquiatra. Allí me calmó todo, me recetó medicinas para la ansiedad que me tranquilizaron y también me quitaron los ataques de pánico, pero, sobre todo, me explicó la enfermedad, y esto me hizo sentir que no era un bicho raro. También me ordenó antidepresivos, que me permitieron retomar mi vida. Con terapia y medicinas logré salir, volver a trabajar, tener hijos y llevar una vida sin contratiempos, con citas regulares con el siquiatra para monitorear la enfermedad.

Hoy miro para atrás y pienso que si me hubieran diagnosticado a tiempo, me habrían evitado sufrimiento y quedarme sin empleo, porque los síntomas se crecen como una bola de nieve: el miedo trae más miedo, la angustia se multiplica, la invalidez se agudiza y el sinsentido cobra fuerza. Cada día que pasa sin atención médica es un paso seguro hacia el intento de suicidio.

Pero lo peor de todo es que los médicos que no son siquiatras no conocen realmente en qué consiste la depresión y le dicen a uno que ponga de su parte, que deje de pensar cosas tristes. La verdad, uno no puede comportarse de otra manera, porque el cerebro no le envía a uno información positiva, todo lo que le dice a uno es negro.

Ahora bien, si uno es bipolar, como es mi caso, uno también se puede enloquecer. A mí me pasó siete años después de que me diagnosticaran la depresión y entonces pasé a ser una paciente maníaco- depresiva. Creí que todos mis ancestros habían venido por mí y una voz en mi cerebro me dijo que me estaban recubriendo el corazón con cintas porque iba a tener una muerte indolora. Y de pronto, la voz me anunció que estaba muerte. Entonces salí de mi casa, dejé a mi marido en la ducha a cargo de niños pequeños, y caminé en pijama. Como estaba muerta, tiré el reloj porque no necesitaba el tiempo, y me quité la ropa, caminé desnuda como 10 cuadras hasta llegar a una avenida.

La voz me dijo que yo era un espíritu, que si no lo creía, que me le lanzara a un carro, y me lancé, entonces, al ver que el vehículo me esquivaba, entendí que estaba viva. Me devolví corriendo a la casa, asustada, y por momentos dudaba de si estaba muerta, de si me había suicidado y por eso estaba vagando. Un hombre me vio, me ayudó a recoger mi ropa, aparecieron dos policías, me llevaron a mi casa, y mi marido se hizo cargo de mí. Llamó al siquiatra, y él me recetó una medicación y me incapacitó por dos semanas. Volví a trabajar, no perdí me empleo, y sigo siendo productiva. Vivo como una persona común y corriente, no he vuelto a tener crisis porque me atienden a tiempo.

Tomo mis medicinas, hago ejercicio, voy al siquiatra cada 15 días y le cuento cómo he estado. Cuando veo venir los primeros síntomas de ansiedad, me tomo mis pepitas. Como la ansiedad es mi antesala de cualquier problema, la freno de una. La idea es evitar que la crisis se produzca.

Para mí es claro que la oportunidad de contar con un buen siquiatra en los momentos difíciles ha sido fundamental para llevar una vida tranquila y productiva.Mi única limitación es no hacer pública mi enfermedad, por eso doy este testimonio en el anonimato, después de todo no es fácil entender la locura.

Por fortuna, puedo pagar una medicina prepagada que cubre mis citas. Pero, ¿qué hacen las personas que no tiene un tratamiento a tiempo? Pues lo que ellas denuncian: que pierden los empleos, que no pueden trabajar, que se han intentado suicidar más de una vez, que no pueden cuidar a sus hijos, la vida se les acaba.

No saben que, en muchos casos, los enfermos mentales llevamos una vida normal. Y no lo saben porque les dan las citas con los doctores al mes de haberlas solicitado, cuando durante todo este tiempo pueden chiflarse o matarse, o los atienden médicos generales que no saben nada. Y además, no les recetan las medicinas por la cantidad de días necesarios. Si uno deja de tomarlas durante varios días, puede tener una crisis.

Estas enfermedades necesitan ser tratadas en el momento preciso para que no se crezcan, y con citas siquiátricas que controlen al paciente, de lo contrario, las recaídas son inminentes. Entonces, ¿qué va a hacer el sistema de salud con todos aquellos que no tiene la oportunidad de costear una salud mejor? ¿Cómo negarles la oportunidad de vivir bien? Si a pesar de toda esta historia mía yo he podido trabajar, ser madre y esposa, es porque he tenido la posibilidad o el privilegio de acceder a una medicina oportuna, pero no es justo que otros no puedan hacerlo, cuando el tratamiento es sencillo, mucho más que para otras enfermedades. Por eso, creo que los manifestantes del domingo y los siquiatras tienen razón, no hay derecho a que esto no se trate como se debe.

Fuente:
15 de noviembre de 2009

sábado, 2 de enero de 2010

TRASTORNO BIPOLAR, ALGUNOS CONCEPTOS

Concepto de Trastorno Bipolar
Se llama trastorno bipolar o trastorno afectivo bipolar a un trastorno depresivo de larga evolución, en el que los episodios depresivos se ven interferidos por la aparición de otros episodios caracterizados por un estado de ánimo elevado (euforia excesiva), expansivo (hiperactividad anómala) o irritable. Las fases de exaltación, alegría desenfrenada o
irritabilidad y grosería, alternan con otros episodios en que la persona está con depresiones intensas, con bajo estado de ánimo, incapacidad para disfrutar, falta de energía, ideas negativas y, en casos graves, ideas de suicidio.

El periodo de exaltación se llama “episodio maníaco”, de una palabra griega, “manía”, que significa literalmente “locura”. El nombre de afectivo se refiere a las enfermedades de los afectos, nombre genérico que se da a los trastornos depresivos, en general, y al trastorno bipolar. Indistintamente lo nombramos como trastorno bipolar, o como trastorno afectivo bipolar.

Por lo tanto, un trastorno bipolar es una enfermedad en la que se alternan varios tipos de situaciones:

1• Episodios depresivos, con características parecidas a un episodio depresivo mayor. Las fases depresivas cursan con:
  • Sentimientos de desesperanza y pesimismo.
  • Estado de ánimo triste, ansioso o "vacío" en forma persistente.
  • Sentimientos de culpa, inutilidad y desamparo.
  • Pérdida de interés o placer en pasatiempos y actividades que antes se disfrutaban, incluyendo la actividad sexual.
  • Disminución de energía, fatiga, agotamiento, sensación de estar "en cámara lenta."
  • Dificultad para concentrarse, recordar y tomar decisiones.
  • Insomnio, despertarse más temprano o dormir más de la cuenta.
  • Pérdida de peso, apetito o ambos, o por el contrario comer más de la cuenta y aumento de peso.
  • Pensamientos de muerte o suicidio; intentos de suicidio.
  • Inquietud, irritabilidad.
  • Síntomas físicos persistentes que no responden al tratamiento médico, como dolores de cabeza, trastornos digestivos y otros dolores crónicos.
2• Episodios de normalidad o eutimia (de unas palabras griegas que significan: humor normal, o ánimo normal).

3• Episodios maníacos, con los síntomas que se exponen a continuación. Un episodio maníaco cursa con algunos de los siguientes síntomas (más de tres):
  • Autoestima exagerada, o sensaciones de grandeza.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Ganas de hablar, mucho más de lo que es necesario.
  • Sensación de pensamiento acelerado.
  • Gran distractibilidad, pasando de una a otra cosa con facilidad.
  • Aumento de la actividad (en el trabajo, en los estudios, en la sexualidad)
  • Conductas alocadas, implicándose la persona en actividades más o menos placenteras, pero que suponen alto riesgo (compras excesivas, indiscreciones sexuales, inversiones económicas)
  • Euforia anormal o excesiva.
  • Irritabilidad inusual.
  • Ideas de grandeza.
  • Aumento del deseo sexual.
  • Energía excesivamente incrementada.
  • Falta de juicio.
  • Comportarse en forma inapropiada en situaciones sociales.
  • La persona puede estar hostil y/o amenazar a los demás.
  • Olvido de las consideraciones éticas.
Un episodio maníaco causa una gran incapacidad en las actividades habituales de la persona que lo padece. Normalmente la persona está exaltada y “fuera de razón”, y no sigue las normas adecuadas en sus conductas laborales, sociales o de estudios. Puede tener consecuencias
desagradables:
  • Empobrecimiento del juicio.
  • Hiperactividad improductiva.
  • Hospitalización involuntaria.
  • Problemas legales y/o económicos.
  • Conductas antiéticas (por ejemplo: disponer de dinero no propio, o apropiarse de hallazgos de otras personas).
  • Cambios inadecuados en cuanto a apariencia (indumentaria llamativa, maquillajes extraños, intentos de aumentar un aspecto más sugerente en lo sexual, etc.)
  • Actividades que demuestran actitudes desorganizadas o raras (repartir dinero, dar consejos a desconocidos con quienes se cruzan, etc.)

4• Episodio “hipomaniaco
Se llama episodio “hipomaniaco” (literalmente, “menos que maníaco”) si lo que hay es un episodio como el anterior, pero sin llegar a provocar un deterioro laboral o social.

5• Episodios mixtos
Son episodios en que aparecen, al mismo tiempo, alteraciones propias de la fase depresiva y alteraciones propias de la fase maníaca. Es decir: al mismo tiempo depresión y exaltación, hiperactividad, insomnio, ideas negativas. Especialmente complejos son los episodios mixtos que cursan con ideación depresiva, pues existe una mayor posibilidad de que el paciente pase a la acción y realice tentativas de especial letalidad, buscando incluso la espectacularidad en su autolisis. Las características más comunes en los episodios mixtos son (al menos tres):
  • Alternancia rápida de distintos estados de ánimo (depresión, euforia, irritabilidad)
  • Predominio de la disforia (mal genio)
  • Agitación.
  • Insomnio.
  • Alteración del apetito.
  • Ideación suicida.
  • Síntomas psicóticos (delirios, alucinaciones).
Clasificación de los trastornos bipolares (o Trastornos afectivos bipolares)
Según los episodios de exaltación sean "maníacos" o "hipomaníacos" tenemos:
  • Trastorno afectivo bipolar tipo I, con episodios depresivos y maníacos.
  • Trastorno afectivo bipolar tipo II, con episodios depresivos e hipomaníacos.
  • Episodios afectivos mixtos (con síntomas maníacos y depresivos al mismo tiempo)
  • Pacientes cicladores rápidos, con al menos cuatro recurrencias al año.
  • El trastorno ciclotímico o ciclotimia es una alteración crónica y con fluctuaciones, con periodos que comportan síntomas hipomaníacos y periodos que comportan síntomas depresivos. Ni unos no otros tienen la gravedad ni la cantidad suficiente como para hablar de una fase hipomaníaca o de una fase depresiva. Para muchos autores es una especie de "predisposición" para otras enfermedades (depresión, trastorno bipolar), y afecta a un 1% de la población.
Como siempre, estos trastornos deben ser tratados si constituyen un malestar significativo para el paciente o para las personas de su entorno. El tratamiento es el mismo del que aplicaríamos en un trastorno bipolar.

¿Cuanto dura el trastorno afectivo bipolar?
El paciente, a lo largo de su vida, va presentando episodios depresivos, alternando con los maníacos o hipomaníacos. De hecho, la existencia de uno solo de estos episodios hace que debamos hablar ya de trastorno bipolar. En este sentido cabe calificarlo siempre como
potencialmente crónico, de por vida.

¿Qué sabemos del origen de los trastornos afectivos bipolares?
El origen del trastorno es del todo orgánico. No sabemos a ciencia cierta todos los componentes biológicos del trastorno, pero parece claro que uno de los problemas implicados es el mal aprovechamiento de los neurotransmisores cerebrales (serotonina y dopamina). Se comprueba
la organicidad por la existencia de patrones genéticos de herencia.

Las exploraciones de neuroimagen (TAC, Resonancia Magnética) no muestran alteraciones. En cambio sí aparecen en la prueba llamada TEP (Tomografía por Emisión de Positrones), si bien los hallazgos no añaden información, las características más importantes del trastorno afectivo bipolar son las siguientes:

  • Es un trastorno orgánico (no psicológico) que depende de alteraciones biológicas del cerebro.
  • Es un trastorno crónico. La persona que haya tenido un episodio de manía o de hipomanía, aunque haya sido solamente uno, debe tener precauciones toda su vida para que no se repitan estos episodios.
  • Requiere tratamiento biológico con medicamentos que regulan el funcionamiento de los neurotransmisores cerebrales. El tratamiento debe ser crónico, a temporadas muy largas, o de por vida en aquellos casos con tendencia a las recaídas constantes.
¿Cómo hacemos el diagnóstico de un trastorno afectivo bipolar?
El diagnóstico se hace por criterios clínicos. Es decir: hemos de comprobar si la persona presenta los síntomas que antes hemos definido, tanto para los episodios depresivos como los maíacos o hipomaníacos. La existencia de un solo episodio de exaltación es suficiente para diagnosticar un trastorno bipolar.

¿Se puede confundir con otras enfermedades? (Diagnóstico diferencial)
Si nos encontramos con un episodio maniaco, y no hay antecedentes claros de depresión, las fases de exaltación se parecen, a veces, a un trastorno psicótico como la esquizofrenia. Nos ayuda al diagnóstico la existencia de exaltación, euforia y, sobre todo, alteraciones importantes del sueño.
El curso de la enfermedad, a la larga, es muy esclarecedor. El tratamiento de un cuadro maníaco y de un brote psicótico como la esquizofrenia pueden ser parecidos, pero los episodios maniacos suelen curar sin demasiadas secuelas.

La importancia de afinar en el diagnóstico es que el trastorno bipolar tiene tratamiento preventivo que puede llegar a ser muy eficaz.

Los trastornos mentales a descartar son:
  • Trastornos del estado de ánimo inducidos por sustancias. Anfetaminas, cocaína y estimulantes en general.
  • Inducción de la manía por un tratamiento antidepresivo. Si desaparece por completo al reducir la medicación antidepresiva se diagnostica como inducido por sustancias (antidepresivos).
  • Inducción por el tratamiento electroconvulsivante (ECT, TEC, electroshock, electrochoque). Es muy raro, pero posible.
  • Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) especialmente si el niño presenta, al mismo tiempo, síntomas depresivos, lo que puede plantear dudas con un episodio mixto).
Los trastornos orgánicos que deben ser evaluados ante la sospecha de un trastorno bipolar, son:
  • Esclerosis múltiple, con afectación del lóbulo frontal.
  • Tumores cerebrales.
  • Enfermedad de Cushing (por exceso de actividad de las glándulas suprarrenales, o por haber tomado un exceso de corticoides).
  • Demencias que cursan con frontalización (enfermedad de Pick, por ejemplo).
  • Ingestión de sustancias o drogas de abuso capaces de inducir estados parecidos a los maníacos (cocaína, anfetaminas, etc.)
  • Hipertiroidismo.
¿Hay riesgo de suicidio en el trastorno afectivo bipolar?
Normalmente en las fases depresivas, hay el mismo riesgo que vemos en las personas con depresión mayor. La tasa de suicidio en nuestro país es de 10 casos por 100.000 habitantes. El 80% de estos casos viene dado por personas con depresión grave, trastorno bipolar, alcoholismo o esquizofrenia.

Con cualquier paciente que presente graves síntomas depresivos es necesario hablar de forma franca y sin tapujos para explorar las ideas de suicidio y, sobre todo, de la posibilidad de que las mismas se lleven a cabo.

¿Qué enfermedades se presentan junto con el trastorno afectivo bipolar?
Es muy frecuente que las personas con trastorno bipolar presenten otras enfermedades psiquiátricas. Es reiterada la asociación con trastornos por dependencia o por abuso de sustancias, o con trastornos inducidos por ellas. Es factible que se asocien trastornos de la personalidad o dificultades para el control de los impulsos. A veces es difícil discernir si los síntomas corresponden a un trastorno de personalidad o a un episodio maníaco. Lo importante, en estos casos, es tratarlos como si de síntomas maníacos se tratase.

También son frecuentes los episodios de ludopatía (juego patológico) y comportamientos antisociales.

¿Cuáles son los tratamientos habituales del trastorno afectivo bipolar?

En las fases depresivas:
  • Antidepresivos. Los medicamentos de este tipo son, hoy en día, bien tolerados. Los modernos antidepresivos son medicamentos útiles, “limpios” (es decir, sin efectos indeseables graves) y muy eficaces. No todos los pacientes son iguales ni responden a los mismos productos en las mismas dosis. A veces es un trabajo complicado llegar a encontrar el medicamento adecuado y a las dosis pertinentes. Hay que tener paciencia y seguir unos pasos sistemáticos. Para el manejo de los antidepresivos hay que tener en cuenta los siguientes factores:
  • El riesgo de la ciclación del estado de ánimo inducido por antidepresivos existe; y debe ser controlado.
  • No se ha demostrado que los antidepresivos sean más efectivos que los eutimizantes en la depresión bipolar aguda y se ha demostrado que son menos efectivos que los eutimizantes en la prevención de recaídas depresivas en el trastorno bipolar.
  • Los eutimizantes, especialmente el litio y la lamotrigina, han demostrado su eficacia en el tratamiento agudo y profiláctico de los episodios depresivos bipolares. El nombre de Eutimizantes viene de unas palabras griegas que significan "ánimo perfecto". Son los medicamentos que previenen la aparición, especialmente de las fases maníacas. Los explicamos un poco más abajo.
En las fases maníacas e hipomaníacas, se emplean las siguientes actuaciones:
  • Diagnóstico exacto. La fase maníaca es minimizada por el paciente, que se encuentra estupendamente bien, en apariencia y desde su punto de vista. Si hay síntomas psicóticos, debe evitarse sobrediagnosticar esquizofrenia (aunque, en la fase aguda, el tratamiento es muy similar). La historia clínica debe ser detallada, evaluando los síntomas a través del tiempo, y recabando la opinión de familiares, amigos, etc., los cuales normalmente ofrecen datos que el paciente infravalora o, simplemente, ignora.
  • Medicamentos eutimizantes (normalizadores del humor).
  • Medicamentos antipsicóticos. Desde los antiguos (haloperidol, tioridacina, trifluoperazina, etc.) hasta los más modernos: risperidona, olanzapina, quetiapina y ciprasidona. Las dosis son oscilantes. Son necesarios en la fase aguda maníaca o hipomaníaca.
En las fases maníacas agudas, lo habitual es hacer el tratamiento en régimen de hospitalización. Es necesario un ambiente tranquilo y bien estructurado, atendido por profesionales que sepan actuar con distanciamiento, lo que es difícil en el ambiente familiar. Por otra parte, en régimen de hospitalización será posible mantener una evaluación continua del proceso, y corregir las actuaciones momento a momento.

Hay que hacer exhaustivos controles orgánicos: control electrocardiografico, analítico, et.
En las fases mixtas: Mismo tratamiento que en las maníacas. En general tienen menos respuesta al litio, y mejor respuesta con valproico.

¿Cuáles son los medicamentos eutimizantes?
  • El más importante es el litio.
  • Carbamacepina (Tegretol®) un antiepiléptico.
Dosis: 16-17 mg por kg de peso y día. Se emplea también la Oxcarbamacepina (Trileptal®), mejor tolerado que la carbamacepina (que, con facilidad, produce vértigos y mareos). Los riesgos más importantes de la carbamacepina, y que deben ser evaluados, son las bajadas de glóbulos blancos y las bajadas de sodio.

  • Lamotrigina (Lamictal®), un antiepiléptico. Su efecto farmacocinético consiste en el bloqueo de los canales de sodio de las membranas neuronales, lo que reduce la secreción de neurotransmisores excitantes. Las dosis oscilan alrededor de los 200 mg/d, aunque puede llegarse hasta 600 mg diarios. Es el más probado en cuanto a prevenir los episodios depresivos, o para emplearlos con el tratamiento antidepresivo. Sus características son:
  1. No tiene efectos secundarios significativos, no causa virajes hacia manía y es eficaz en cuanto a prevenir estados depresivos.
  2. No produce aumento de peso.
  3. No afecta la memoria ni la concentración.
  4. No tiene efectos secundarios sobre la sexualidad.
  5. No afecta el hígado.
  6. Su único inconveniente es que, en ciertos casos, provoca un exantema (erupción en la piel) en un 8.3% de los casos, que puede llegar a ser grave en el 1 por mil de los pacientes. Los exantemas se resuelven espontáneamente. Los graves, en el 1 por 1000 de los casos, son difusos, confluentes, afectan cabeza y cuello, y se resuelven suspendiendo la medicación.
  7. La lamotrigina debe emplearse a dosis de 25 mg/día durante las dos primeras semanas, pasando a 50 mg/d durante dos semanas más y a 100 mg/d a partir de la quinta semana. Su uso no requiere controles de laboratorio. Las dosis deben dividirse por dos si se emplea conjuntamente con ácido valproico (Depakine®). Deben doblarse si se emplea junto con carbamazepina (Tegretol®).
Valproato o ácido valproico (Depakine®) También antiepiléptico.
  • En estos momentos es el más empleado en USA, por encima del litio incluso. Es bastante bien tolerado. Dosis de 1000 a 1500 mg/día.
  • Descrito desde 1996, su eficacia está comprobada en un 55% de los casos. Está bien documentado su efecto en cuadros de manía mixta y en la man´çia aguda. Es un fármaco de primera elección, casi tan recomendado como el litio.
  • En España está comercializado como Depakine®, Depakine Crono®, o Depamide® (esta última es la amida del ac, valproico).
  • Las dosis suelen estar alrededor de 20 mg por kg de peso y día,
  • Los niveles plasmáticos eficaces se calculan entre 45 125 µg/ml
  • Interactúa con la lamotrigina (Lamictal®) duplicando los niveles de esta última.

Clonazepan. Tranquilizante y antiepiléptico. Dosis, de 2 a 6 mg diarios. Da somnolencia.

Topiramato (Topamax®). Antiepiléptico. Dosis de 50 a 100 mg diarios, o más. Muy adecuado en pacientes con bulimia, porque tiende a reducir el apetito aparte de ser un buen controlador de los impulsos. Tener en cuenta su capacidad para provocar disfunciones cognitivas (problemas de
concentración) a algunas personas, así como efectos secundarios neurológicos en forma de calambres musculares. En tales casos debe abandonarse este tratamiento.

Gabapeptina (Neurontin®). Antiepiléptico. Dosis, hasta de 3600 mg diarios. Tiene un moderado efecto ansiolítico, aunque no está del todo claro su efecto como normalizador o estabilizador.

¿Pueden combinarse entre sí los medicamentos eutimizantes?
Sí. Es normal hacer combinaciones de varios eutimizantes cuando no es suficiente con uno de ellos. Es aconsejable hacer los niveles plasmáticos (análisis sanguíneos) para comprobar que no haya interferencias entre los diversos eutimizantes que se empleen.

¿Qué es más importante, la fase maníaca o la fase depresiva, en el trastorno bipolar?
• Los episodios maniacos son más espectaculares, especialmente si cursan con síntomas psicóticos (o sea, alucinaciones y pensamientos delirantes).
• Pero los episodios depresivos ocupan más tiempo en lqa vida de una persona con trastorno bipolar. En comparación los episodios depresivos ocupan de 1 a 3 veces más tiempo que los
episodios de manía, en el caso de pacientes con trastorno bipolar tipo I, y 37 veces superior en trastorno bipolar.
• De ahí la importancia de tratar adecuadamente los episodios depresivos. La recomendación de
la Asociación Americana de Psiquiatría, desde 2002, es el empleo de un estabilizador del ánimo, de preferencia el litio o la lamotrigina en el tratamiento de la fase aguda depresiva.
• El empleo de antidepresivos debe ser muy cuidadoso, y siempre en asociación con los estabilizadores del ánimo. Los antidepresivos pueden empeorar el curso de la enfermedad
si inducen un viraje (también llamado cambio de ciclo o ciclaje). Un viraje se define como la aparición de un cuadro de manía, hipomanía o mixto, durante el tratamiento agudo de la depresión bipolar.
• Los antidepresivos más peligrosos, en cuanto a desatar un viraje, son los que actúan de forma prioritaria sobre los neurotransmisores noradrenalina y dopamina. Hay que tener en cuenta que uno de estos antidepresivos, el bupropion, se emplea en la desintoxicación tabáquica (bajo los nombres de Zyntac® o Zyntabac®). Tales fármacos llegan a provocar un 50% de virajes, aún administrados conjuntamente con un estabilizador.
• Todos los antidepresivos, en mayor o menor grado, tienen el riesgo de provocar virajes. Los menos "agresivos" son los ISRS (Inhibidores selectivos de la recalpación de la serotonina) como
Prozac®, Seroxat®, Besitran®, Zoloft®, Serropram®, Prisdal®, Cipralex®, Esertia®).
•El porcentaje de virajes suele estar, con estos, alrededor del 3-5 %. La venlafaxina (Vandral®, Efexor®, Dobupal®) provoca alrededor del 25%.
• Algunos autores consideran que el uso de antidepresivos no es adecuado ni en las fases depresivas. En general los pacientes recaen al dejar el antidepresivo /aproximadamente el 75 % de los casos) y también sin dejarlo (41 % de recaídas al cabo de unos 12 meses).
• En lo que existe consenso es en que deben usarse siempre en asociación con algún estabilizador.
El Dr. J.L. Calabrese (Case Western Reserve University, Cleveland. Ohio, USA) fue el primero en comprobar el efecto de la Lamotrigina (Lamictal®) en el tratamiento de la fase depresiva del trastorno bipolar, demostrando que provocaba un buen número de respuestas positivas, sin virajes hacia la fase maníaca.
• Lamotrigina (Lamictal®) ha demostrado también ser un excelente tratamiento profiláctico para evitar fases depresivas, si es empleado a largo plazo. El litio es un buen profiláctico de la manía, pero, sin duda, la lamotrigina es mucho más efectiva en cuanto a la prevención de la depresión.

¿Hay riesgo durante el embarazo, en el trastorno afectivo bipolar?
El litio se considera un medicamento peligroso durante el embarazo. Los demás eutimizantes deben utilizarse bajo precauciones y controles estrictos (ecografías rigurosas, detalladas y frecuentes).

En cambio no se han descrito problemas significativos con los antidepresivos.

Los medicamentos, ¿pueden "disparar" una fase maniaca?
Sí. Los antidepresivos potentes pueden hacer que el paciente pase de estado depresivo a estado maníaco. Es por ello que las subidas deben hacerse en forma controlada, prefiriendo la suavidad a la rapidez. Los mejores antidepresivos son los ISRS (Prozac,Seroxat, Besitran, Seropram, Prisdal), aunque también puede usarse la venlafaxina (Vandral, Dobupal), los antidepresivos antiguos (tricíclicos) o los IMAO (inhibidores de la monoaminoxidasa). Siempre con precaución y administrando, conjuntamente, un eutimizante.

Hay ocasiones en que un paciente con depresión no bipolar puede pasar a un estado parecido al maníaco, de forma excepcional, al tomar algún medicamento antidepresivo nuevo, o con dosis altas de uno que ya hubiera probado. En tales casos no se considera un trastorno bipolar, sino un "trastorno maníaco inducido por el antidepresivo". Desaparece este episodio al reducir el antidepresivo o cambiarlo por otro más suave. Algunos médicos consideran que los pacientes que hacen estos "virajes" pueden tener predisposición a padecer trastorno bipolar.

¿Es cierto lo contrario? ¿Pueden los medicamentos "disparar" una fase depresiva?
También es posible pasar de una fase maníaca a una depresiva. Es aconsejable emplear algún eutimizante, de preferencia lamotrigina, para prevenir el descenso depresivo.

¿Es útil la terapia electro convulsivante (TEC, electroshock, electrochoque) en el tratamiento del trastorno bipolar?
La respuesta es sí. Muchas veces, en los casos en que no actúa la medicación, el electrochoque es una terapia perfectamente válida.

¿Hay que hacer psicoterapia en el paciente con trastorno afectivo bipolar?
El trastorno afectivo bipolar es una enfermedad "poco psicológica" en cuanto a su origen. Ya hemos comentado que es muy orgánica. El principal tratamiento debe ser el biológico: los medicamentos en las proporciones adecuadas.

Lo que sí es muy importante es la pedagogía.

El paciente y sus familiares deben ser aleccionados acerca de las características de la enfermedad, de su tratamiento, de la importancia de seguir las pautas para cada caso, de las limitaciones que impone la enfermedad, distintas en según qué fase. Todos deben estar muy imbuidos acerca de la necesidad de mantener la medicación, aún cuando la persona se encuentre perfectamente bien. En pocas enfermedades como en el trastorno afectivo bipolar es importante no dejar la medicación aunque uno se encuentre perfectamente bien.

¿Sirven las asociaciones y los grupos de autoayuda?
Son excelentes medios de apoyo para el paciente y para sus familiares. En ellas se organizan cursillos, charlas, actividades, sesiones de grupo, asesoramiento individual, etc.
El paciente ve que no es un caso único, y puede compartir experiencias con otras personas que sufren sus mismas dificultades.
Los familiares encuentran las explicaciones adecuadas para resolver problemas cotidianos, y se benefician de las experiencias que otras personas, con similares inconvenientes, han empleado para resolverlos.

¿Cómo es el médico idóneo para tratar pacientes con trastorno afectivo bipolar?
Una de mis frases favoritas acerca de este trastorno es:
"Si el médico lo hace mal, el trastorno bipolar se convierte en un drama y todo sale mal. Si el médico lo hace bien, perfecto incluso, el trastorno afectivo bipolar, a lo mejor, no es un
drama y algo sale bien".
Quiero decir con ello que el trastorno afectivo bipolar es muy variable, cambiante incluso en un mismo paciente. Los médicos debemos seguir unas pautas, pero sin encasillarnos. Debemos estar dispuestos a cambiar la táctica, día a día si conviene, para amoldarnos a las variaciones y cambios que experimenta la enfermedad.
El médico debe ser muy humilde y aceptar que todo cuanto sabe, o cuanto cree saber, puede ser insuficiente en cualquier momento de la enfermedad. Siempre debe estar dispuesto a aprender y a consultar con otros médicos.
El médico adecuado para pacientes con trastorno afectivo bipolar debe ser un médico que
disfrute con el tratamiento de este trastorno. Para bastantes psiquiatras el paciente con trastorno afectivo bipolar es molesto, demasiado difícil, o que requiere demasiados esfuerzos. El médico adecuado se crece ante los pacientes difíciles, los cuales no le molestan en absoluto sino que le dan ocasión para poner en marcha todos sus recursos, estrategias, conocimientos y ganas de aprender.

Alex Torbay Moreno, Pisicólogo Clínico
Caracas Venezuela. Telfs.: 0212 3932063 - 0212 7930346, Emergencias 0412 9836788.
Email: centroclinicopsicologico@hotmail.com

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viernes, 1 de enero de 2010

Lidiando con la depresión de un ser querido

Esto es lo que he aprendido al vivir con mi cónyuge, quien tiene depresión:

1. Necesito ser flexible:
Cuando el / ella se encuentra en las profundidades de la oscuridad, necesito protegerlo(a); cuando se encuentra funcionando normalmente, debo darle su espacio. No dudes en guardar las llaves del automóvil o tomar alguna otra acción drástica cuando tu ser querido se encuentre fuera de control, pues tal vez al tomar estas acciones estés salvando su vida.

2. Puedo ayudarle a comprender la dinámica de su depresión:
Por ejemplo, le puedo ayudar a reconocer cuales estímulos detonan su ciclo depresivo, y le puedo ayudar a implementar acciones que detengan la espiral hacia las profundidades de la oscuridad. Utilizando la prevención, se puede evitar un dolor futuro.

3. Soy un cuidador y como tal, necesito reconocer mis limitaciones:
Yo tengo también mi vida, mis necesidades y mis sentimientos. Necesito mantener mi identidad independiente y no convertirme en un esclavo de la depresión. SI, necesito sacrificar o cancelar algunos de mis planes y compromisos, pero terminaré agotado si al mismo tiempo no cuido también de mi mismo.

4. La televisión es una droga:
La mayor parte de los programas no son saludables ni para mi cónyuge, ni para mi. Una caminata al aire libre es mucho más terapéutica.

5. No existe una regla de oro esperando a ser encontrada en libros u otra literatura:
Si, es bueno saber los puntos básicos de la depresión y los detalles del diagnóstico de nuestro ser querido enfermo, pero no encontrarás la cura en ningún libro.

6. Si tu ser querido está en caída libre hacia el precipicio, cambia el tema:
Ellos pueden caer con mucha facilidad en un ciclo en el que un pensamiento negativo les lleva a otro pensamiento negativo y no pueden detener este descenso.

7. Trata de mantener un cierto nivel de actividad social, en el que ambos puedan participar, por ejemplo, ir al cine:
La persona deprimida probablemente se alejará y evitará situaciones sociales. Necesitan de tranquilidad y espacio personal, pero esto puede rápidamente convertirse en tiempo de melancolía, que les lleva de nuevo a resbalar hacia las profundidades.

8. Haz lo mejor que puedas con lo que tienes:
No puedes hacer milagros, y no eres ni superman ni superchica.

9. Habla con tus familiares o amigos acerca de la situación, para que les brinden apoyo tanto a ti como a tu ser querido:
Si no lo compartes con la gente, la gente no te puede apoyar. Lo mejor que ellos pueden hacer es lo que recomienda Rabbi Kushner en “ Cuando cosas malas le pasan a gente buena” , que es: escuchar y “estar presente” para aquella persona que está afligida. Después de vivir esta experiencia, te das cuenta de que muy poca gente hace esto. Uno o dos buenos familiares/ amigos, serán un apoyo invaluable para ti.

10. Y algo muy importante:
Planeen actividades futuras para ambos, y actividades que solo uno de ustedes realizará. Planeen eventos para las siguientes noches de la semana, actividades para el fin de semana, para una salida de viaje el próximo mes, planeen sus vacaciones, etc. La esperanza se encuentra quebrantada durante la depresión, así que es importante la planeación de eventos que les brinden expectativas positivas para su futuro.

Uno no puede controlar la trayectoria de la depresión, así que les recomendamos que tomen cada día, paso a paso.

La paz sea con ustedes. Stan Schroeder
Mental Health Ministries (www.MentalHealthMinistries.net)

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