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martes, 30 de marzo de 2010

Los síntomas de la esquizofrenia comienzan antes de la edad adulta, según Dr. Celso Arango

El psiquiatra de origen asturiano ingresó en la Real Academia de Medicina con un discurso sobre trastornos psicóticos en infancia y adolescencia.

«Lo habitual es pensar que la esquizofrenia y el trastorno bipolar son enfermedades de adultos, pero hoy sabemos que en un alto porcentaje -25% en esquizofrenia y 40% en trastorno bipolar- los primeros síntomas comienzan antes de la edad adulta». Celso Arango López, jefe de sección de psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, ingresó ayer en la Academia de Medicina de Asturias con un discurso sobre «Trastornos psicóticos en infancia y adolescencia: de la neurobiología a la clínica».

Celso Arango, de padre ovetense, nació del otro lado de la Cordillera, pero regreso al solar astur para cursar la carrera de Medicina. Después realizó la residencia en Madrid y vivió los primeros años de profesión en Estados Unidos. Regresó hace diez años y desde entonces ejerce en el Hospital Gregorio Marañón. Especialista en infancia y adolescencia, centró su intervención, ayer, en Oviedo, en el tratamiento de esquizofrenia y trastorno bipolar de inicio temprano.

Pero no sólo estas dos patologías presentan síntomas de origen temprano, lo mismo sucede con otros trastornos psiquiátricos. «No es habitual que un enfermo adulto no haya tenido síntomas en la infancia o adolescencia», afirma Arango. Pero estos indicios no siempre son detectados a tiempo, uno de los problemas del diagnóstico precoz es que los síntomas son inespecíficos. Entre ellos, Arango destacó como posibles avisos de un futuro trastorno la irritabilidad, la dificultad de establecer relaciones en clase, la disminución repentina en el rendimiento académico y el aislamiento social, así como algún tipo de comportamiento extraño. En estos casos recomienda acudir al especialista, sobre todo cuando los problemas interrumpan el funcionamiento de una vida normal. Defiende, además, la consulta médica por la existencia en la actualidad de tratamientos efectivos para estos casos y cree probada una clara relación entre el tiempo sin tratamiento y un peor pronóstico a medio y largo plazo.

Por géneros, hay una pequeña diferencia en contra de los chicos, que se ven más afectados de esquizofrenia que las chicas por encima de los 12 años. Esa diferencia desaparece por debajo de esa edad. En eso tiene mucho que decir la genética, asegura el especialista, ya que cuanto antes aparece la enfermedad mayor es la carga genética. «El 70 por ciento de este tipo de trastornos mentales se explican por factores genéticos».

Una meta por conquistar en el difícil mundo de la psiquiatría es la curación de la esquizofrenia. El experto es optimista a medio plazo y cree que en el futuro habrá distintos tratamientos para las enfermedades que se asocian bajo el nombre de esquizofrenia. Crítico con la escasa consideración de la investigación psiquiátrica merece, Arango sostiene que las enfermedades mentales son la primera causa de discapacidad en el mundo, sin embargo la inversión de la UE en su investigación únicamente llega al 0,01% del gasto total que acarrean. Entre los motivos de tan escasa atención estarían «el estigma que siempre hubo alrededor de la enfermedad mental y la dificultad que supone el estudio del cerebro en vivo». Está convencido de que las cosas están mejorando con técnicas como la neuroimagen. «La neurociencia es la parte más apasionante de la investigación biomédica porque hoy es la que tiene más por descubrir». Además reconoce que el número y la calidad de grupos de investigación en neurosiquiatría ha aumentado mucho en los últimos diez años.

Junto a ese avance, Arango destaca como un paso importante el hecho de que por fin se vaya a aprobar la especialidad de psiquiatría del niño y adolescente en el MIR. «Esto debería ser un revulsivo para crear recursos sanitarios para este tipo de población.

Fuente:
Oviedo, M. S. MARQUÉS

Advierten que el trastorno bipolar está mal diagnosticado

El trastorno bipolar afecta por igual a mujeres y varones, a cualquier edad, incluso en la infancia, pero se diagnostica a un tercio de los pacientes y de ellos sólo uno de cada tres recibe el tratamiento adecuado.

El 40 por ciento de estas personas no puede trabajar; el 60 por ciento de ellos consume alcohol, marihuana o cocaína, y entre el 15 y el 20 por ciento de estas personas, que no reciben atención médica, se suicidan, determinaron estudios médicos.
El trastorno bipolar, también denominado enfermedad maníaco-depresiva, es un trastorno de estado del ánimo.

El paciente bipolar es una persona normal que sufre una enfermedad, cuya gravedad puede, alterar en forma intensa la personalidad.

En este trastorno u enfermedad se combinan episodios o síntomas de manía, que luego pueden desaparecer o variar hacia una depresión, esto puede realizarse 1 o 2 veces en el año; estas variaciones de uno hacia el otro síntoma, se denominan ‘ciclos‘, por ejemplo ciclo de manía o ciclo de depresión, o también ‘ciclados‘; a veces, pueden presentar más de 2 ciclos en el año o hasta en un mismo día, pueden ciclar.

El 41 por ciento de los afectados por este mal en la Argentina están desempleadas y la mayoría de la gente llega al diagnóstico de esta enfermedad psiquiátrica en forma tardía, según la Fundación Favaloro.

En la Argentina no hay estadísticas oficiales sobre la cantidad de enfermos por el trastorno bipolar, pero las proyecciones que hacen los especialistas de acuerdo con los datos obtenidos de Estados Unidos y Europa arrojan que el 5 por ciento de la población padecería las formas más atenuadas de la enfermedad.

Las consecuencias de la enfermedad bipolar afectan seriamente la calidad de vida del paciente, que debe contar con un seguimiento médico porque si no está bien tratado, aumenta diez veces el riesgo de que el enfermo se suicide.

Fuente:
Salud
Sábado, 27 de Marzo de 2010

domingo, 14 de marzo de 2010

Tratamiento y Medicación

Tratamiento
El tratamiento del trastorno bipolar es difícil debido a la complejidad y variabilidad de la enfermedad y a sus efectos sobre la cognición, la razón y la conducta. Las directrices dictadas por la Sociedad Americana de Psiquiatría para el tratamiento del trastorno bipolar recomiendan un enfoque integral, es decir, una combinación de farmacoterapia y psicoterapia; con el propósito de aliviar los episodios agudos con rapidez y eficacia, evitar la recurrencia de episodios, mejorar la función social interpersonal y vocacional, y reducir la incidencia suicidios.

Farmacoterapia
Los medicamentos que habitualmente se usan para el tratamiento del trastorno bipolar se resumen en la tabla siguiente:

Medicamentos para el tratamiento del trastorno bipolar
Manía aguda/episodio mixto
litio
antipsicóticos atípicos (por ej., olanzapina, risperidona)
antipsicóticos típicos (por ej., haloperidol)
carbamacepina, valporato

Depresión bipolar aguda
litio
carbamacepina
antidepresivos (combinados con estabilizadores del estado de ánimo)
lamotrigina (además de estabilizadores del estado de ánimo)

Terapia de mantenimiento
litio
carbamacepina
antidepresivos

Agentes en fase de investigación clínica
antipsicóticos atípicos (por ej., clozapina, quetiapina, ziprasidona, aripiprazol)
antiepilépticos (por ej., gabapentín, topiramato, zonisamida)

Litio
El litio constituye un tratamiento firmemente establecido para el tratamiento del trastorno bipolar, y es eficaz tanto para la fase maníaca como para la depresiva. Recientes revisiones procedentes de Inglaterra y los EE.UU., incluidas las Directrices Consensuadas por Expertos de 1998, comunicaron que el litio es la terapia de primera línea para pacientes con trastorno bipolar, y tiene una tasa de respuesta aproximada del 79%.
A los pacientes que siguen una terapia con litio se les debe monitorizar la función tiroidea y la concentración de litio en suero; la dosis de litio se debe ajustar para lograr una concentración en suero de 0,5–1,2 mEq/l. Por lo general, se tarda de 6 a 8 semanas lograr que el paciente muestre respuesta terapéutica al litio. Aún no está claro si la interrupción prematura de la terapia con litio empeora la evolución de la enfermedad, y existen evidencias de que el litio puede que no sea suficiente para el tratamiento de estados mixtos y manía grave. Los pacientes que tienen relativamente pocos episodios vitalicios de trastornos del estado de ánimo, con síntomas de depresión durante la manía, y sin ciclo rápido, muestran la mejor respuesta al tratamiento con litio.

Anticonvulsivantes
El espectro del tratamiento para el trastorno bipolar se amplió a partir de la introducción de los anticonvulsivantes, que comprenden carbamacepina, valporato y lamotrigina.

Los pacientes con ciclo rápido o episodios mixtos tienen más probabilidades de beneficiarse del tratamiento con anticonvulsivantes que los pacientes que sufren otros tipos de trastorno bipolar.
Comparada con el litio y el placebo, la carbamacepina es eficaz para el tratamiento a largo plazo del trastorno bipolar, pero su uso no está aprobado en todo el mundo para esta indicación. Los resultados de diversos estudios indican que la carbamacepina tiene propiedades antimaníacas y
antidepresivas, como monoterapia y combinada con litio o antidepresivos. En un estudio enmascarado, el 53% de los pacientes deprimidos tuvo una rápida respuesta cuando se agregó litio a carbamacepina. La terapia con litio es aun superior a la carbamacepina, y la terapia combinada es mejor que la monoterapia, particularmente en los pacientes con ciclo rápido. Esto puede deberse, en parte, a la capacidad de la carbamacepina para inducir su propio metabolismo mediante el sistema enzimático microsómico del citocromo P450.

El valporato es el estabilizador del estado de ánimo recetado con mayor frecuencia en los EE.UU., donde está autorizado para el tratamiento de la manía aguda, pero sólo después de que los tratamientos con litio y carbamacepina hayan fracasado o no hayan sido bien tolerados. Si bien
actualmente no se usa en toda Europa, su incidencia de uso es cada vez mayor. La eficacia del valporato en el tratamiento de los trastornos bipolares aun es materia de controversia. Un estudio realizado en 1994 confirmó su eficacia en el tratamiento de la manía; sin embargo, trabajos más recientes, realizados en 2000, mostraron que el tratamiento con valporato no difería del placebo a la hora de prolongar el período hasta la recurrencia de cualquier episodio de trastorno del estado del ánimo durante más de 12 meses. Si bien se necesitan estudios más amplios para corroborar o rebatir estos datos clínicos, actualmente se considera que el valporato es más eficaz para el tratamiento de manía que de depresión, pero también puede tener algunas propiedades antidepresivas leves-moderadas.

La lamotrigina es uno de los últimos y novedosos anticonvulsivantes para el trastorno bipolar. Se ha estudiado ampliamente y se considera que sus efectos comprenden la inhibición de los aminoácidos excitatorios y los canales del sodio dependientes de voltaje, y el bloqueo de los receptores de serotonina 3. En varios estudios se demostró que la lamotrigina es eficaz en el tratamiento de la fase depresiva del trastorno bipolar y del trastorno bipolar de ciclo rápido. Los efectos adversos de la lamotrigina son similares a los de otros anticonvulsivantes, pero con una
tasa de dolor de cabeza levemente mayor.

La lamotrigina no es práctica para el tratamiento de la fase depresiva del trastorno bipolar, lo que en parte, se debe a la necesidad de aumentar la dosis gradualmente. Se comunicó que la lamotrigina aumenta la eficacia del valporato en el trastorno bipolar; sin embargo, con esta posología existe el riesgo de erupción cutánea. Para reducir ese riesgo, se recomienda el ajuste lento de la dosis. Por el contrario, cuando se administra lamotrigina de forma concomitante con carbamacepina, se recomienda aumentar la dosis más rápidamente. La lamotrigina está surgiendo
como un agente con grandes probabilidades para el tratamiento del trastorno bipolar; sin embargo, se necesitan más investigaciones para aclarar su posición dentro del espectro de tratamientos.

Antidepresivos
Los antidepresivos estándar son eficaces para el tratamiento del trastorno bipolar I combinados con un estabilizador del estado de ánimo. Los antidepresivos más frecuentemente recomendados son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), los antidepresivos tricíclicos (ATC), los inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO) y el bupropión.
Psicoterapia
Los pacientes con trastorno bipolar muestran una tasa relativamente alta de incumplimiento terapéutico, tasa estimada en 32–45% de los pacientes tratados. El escaso cumplimiento terapéutico combinado con las altas tasas de conflictos matrimoniales, divorcio y desempleo relacionados con el trastorno bipolar restringe la eficacia de la farmacoterapia sola. El objetivo de combinar psicoterapia y farmacoterapia es, principalmente, aumentar el cumplimiento terapéutico. Además, la psicoterapia puede reducir la cantidad y duración de las hospitalizaciones y recaídas, mejorar la función social y la calidad de vida, y reducir el riesgo de suicidio del paciente. Existen diversos enfoques psicoterapéuticos, adecuados a distintos estadios de la enfermedad, entre los que podemos mencionar psicoinstrucción, terapia cognitivo conductual (TCC), intervención familiar, terapia de grupo y terapia específica para cada caso, como la terapia para casos de toxicomanía.

Terapia congnitivo-conductual (TCC)
El objetivo de la TCC es modificar los pensamientos negativos del paciente que sufre trastorno bipolar. Este tipo de terapia aborda no sólo la conducta del paciente sino su mundo cognitivo, lo que piensa, cómo percibe el entorno y cómo interpreta lo que le sucede. La TCC intenta modificar
los pensamientos negativos enseñando al paciente a entender de qué manera sus patrones de pensamiento influyen en su sintomatología, y a modificar su pensamiento y su conducta para disminuir la probabilidad de aparición de síntomas. También le aporta información sobre las dificultades funcionales en el plano social relacionadas con la enfermedad, y la manera de autocontrolar la aparición, evolución y gravedad del trastorno para lograr intervenciones terapéuticas adecuadas. Se le enseña a eliminar los obstáculos que impiden el cumplimiento terapéutico y se le brindan estrategias de conducta no clínicas para enfrentar las consecuencias de la manía y la depresión de la mejor manera posible. Se enseñan estrategias para enfrentar síntomas específicos, por ejemplo, al paciente que tiene deteriorada la capacidad de atención se le indica que reduzca el ruido y la sobrestimulación y se concentre en una sola cosa a la vez, y al que sufre una manía extrema se le enseñan técnicas de relajación.

Psicoinstrucción
Hace mucho tiempo ya se reconocía la necesidad de una mejor educación con respecto al trastorno bipolar. Brindando al paciente y su familia información sobre el trastorno bipolar, la psicoterapia intenta alentar el cumplimiento del tratamiento y disipar los estigmas, persuadir en contra del abuso de fármacos y enseñar al paciente a identificar los síntomas de la recaída. El objetivo principal de la psicoinstrucción son los efectos secundarios de los tratamientos, la evolución de la enfermedad y los obstáculos en el camino hacia la recuperación.
Los resultados de las investigaciones sobre la eficiencia de la psicoinstrucción son prometedores. La mayoría de las intervenciones psicoinstructivas dan como resultado mayor cumplimiento terapéutico y menor cantidad de hospitalizaciones y recaídas. Un estudio mostró una mejoría del 50% en el cumplimiento del tratamiento con litio y una reducción del 60% en el número de hospitalizaciones.

Terapia familiar
Por lo general, la interacción matrimonial y familiar normal es problemática para el paciente con trastorno bipolar. Como consecuencia de las relaciones tensas, el paciente puede sufrir más recaídas y peores experiencias funcionales. El objetivo de la terapia familiar es educar al paciente y su familia sobre el trastorno bipolar teniendo como meta un mayor cumplimiento terapéutico, mejor aceptación de la enfermedad por parte del paciente, mejor interacción funcional en los planos social y laboral y control de los factores estresantes. Se capacita a la familia en el aspecto comunicativo y a través de la terapia familiar se intenta recomponer las relaciones funcionales familiares después de un episodio de trastorno del estado del ánimo.
Las sesiones de terapia familiar también tratan de abordar la sintomatología postraumática que puede afectar al paciente y la familia después de un ataque agudo o un período de hospitalización.
La terapia familiar se divide en tres etapas claramente definidas: etapa de evaluación, énfasis en la optimización del aspecto comunicativo, y énfasis en la resolución de problemas. Con frecuencia se enseña a la familia el "ejercicio de recaída", que le permite identificar el cuadro de la recaída y prepararse para el próximo episodio.

Terapia de grupo
La terapia de grupo se aplica a casos de trastorno bipolar hace sólo 10-15 años porque los pacientes bipolares se consideraban no aptos para esta clase de terapia. Sin embargo, estudios recientes demostraron que la terapia de grupo instruye al paciente respecto al cumplimiento terapéutico; la cantidad de recaídas se puede reducir en un 15% disipando el estigma del trastorno bipolar. En los pacientes que siguen un tratamiento combinado, terapia de grupo y medicación, la evolución de la enfermedad puede ser menos grave que en los que reciben solamente medicación, en términos de escasa interacción familiar, fracaso matrimonial y necesidad de hospitalizar al paciente otra vez. Si bien puede ser problemático comparar los datos debido a las distintas terapias aplicadas; por lo general, esos datos respaldan la aplicación de terapia de grupo al paciente con trastorno bipolar

Terapia electroconvulsivante (TEC)
La TEC está firmemente adoptada para el tratamiento del trastorno bipolar, respaldada por una buena cantidad de evidencias de su eficacia en el tratamiento de las fases maníaca y depresiva de la enfermedad. Recientemente se propuso como terapia de mantenimiento para dicha enfermedad. En un análisis comparativo de estudios de investigación sobre la eficacia de la TEC y de los antidepresivos en el tratamiento del trastorno bipolar, se llegó a la conclusión de que la TEC fue más eficaz en 5 de 7 estudios, y más beneficiosa que los antidepresivos tricíclicos.
Se debería considerar la TEC no sólo un tratamiento de última instancia sino también para la fase depresiva o maníaca de cualquier estadio del trastorno bipolar, siempre que el paciente esté satisfecho con la evolución del tratamiento. La TEC se debe considerar una terapia de primera línea para el paciente grave, especialmente delirante o con alto riesgo de suicidio. No se recomienda el tratamiento con litio durante un ciclo de TEC: en algunos casos se comunicó que esta combinación es neurotóxica.

La TEC aun permanece lejos de su verdadero lugar en los algoritmos del tratamiento debido a intereses públicos actuales.

Opciones novedosas
Entre otras opciones terapéuticas que podrían resultar beneficiosas para el tratamiento del trastorno bipolar podemos mencionar la inhibición de los sistemas neuronales de transducción de señales por los ácidos grasos omega-3. Un pequeño ensayo mostró un período de remisión significativamente más prolongado en pacientes que tomaban ácidos grasos omega-3 en comparación con los que tomaban aceite de oliva. También se investigaron la estimulación del nervio vago y el tamoxifeno como posibles intervenciones terapéuticas y, si bien las investigaciones preliminares son prometedoras, se necesitan más datos clínicos.
Fuente:
Escrito por trastornobipolar el 02/07/2006 18:27


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Relacionan inteligencia con trastorno bipolar

Es una idea que está en el aire: la existencia de una relación entre la genialidad y la locura. Podemos citar decenas de casos de grandes artistas con importantes problemas emocionales. Entre ellos se encuentran Vincent Van Gogh, Antonin Artaud y Viriginia Wolf (por sólo citar algunos ejemplos). En la actualidad un grupo de científicos británicos parece haber demostrado esta relación. Según sus resultados una mayor capacidad intelectual implica un mayor riesgo de desarrollar un trastorno bipolar.

Esta investigación fue llevada a cabo por el Instituto de Psiquiatría del King´s College de Londres y el Instituto Karolinska de Estocolmo. Aclaremos que el trastorno bipolar (trastorno maníaco depresivo) se caracteriza por cambios extremos en el estado de ánimo. Se pasa de períodos de excitabilidad y manía a períodos de depresión intensa.

Este estudio incluyó a cerca de 714.000 personas. Se analizaron las calificaciones de exámenes de estudiantes suecos de 15 y 16 años, realizados entre 1988 y 1997. Posteriormente se compararon estos resultados con los registros de admisión a hospitales de pacientes entre 17 y 31 años diagnosticados con trastorno bipolar.

Los estudiantes que habían logrado calificaciones excelentes mostraron un riesgo cuatro veces más alto de desarrollar trastorno bipolar que los estudiantes con calificaciones de nivel medio. Los estudiantes con las calificaciones más bajas también tenían un riesgo moderado de sufrir el trastorno. Este grupo mostró el doble de posibilidades de sufrir trastorno bipolar que aquéllos con calificaciones promedio.

Las buenas notas en materias como lengua o música mostraron una asociación particularmente fuerte con la bipolaridad. Parece ser que este trastorno podría contribuir a un talento en campos como el arte, la música o la literatura.

Los científicos no terminan de definir cuál es la causa de esta relación. Una de las teorías es que los individuos que sufren de estados de hipomanía (períodos moderados de manía o estado de ánimo elevados) pueden ser ingeniosas y capaces de vincular las ideas de formas innovadoras. También se explica por las respuestas emocionales fuertes. Otra explicación sería que aquellos que sufren de hipomanía generalmente tienen niveles de energía extraordinarios y pueden mantenerse concentrados durante períodos más largos de tiempo.

Fuente:

miércoles, 3 de marzo de 2010

FÁRMACOS UTILIZADOS EN LOS TRASTORNOS AFECTIVOS

Los trastornos afectivos implican una alteración del humor y pueden considerarse como extremos patológicos del espectro normal de las variaciones del estado de ánimo. Se clasifican de acuerdo con los extremos hacia los que se aproximan y según el tipo de síntomas referidos por el paciente.
Los trastornos afectivos unipolares se presentan bien con manía (euforia, aumento de la actividad motora, fuga de ideas y delirios de grandeza) o bien con depresión (ideas de miseria, malestar y desesperanza).
Los trastornos afectivos bipolares oscilan entre episodios de depresión y manía.

Se ha intentado clasificar los tipos de depresión centrándose en dos grupos claros de síntomas:
Depresión “reactiva”, en la que existe una causa psicológica clara, con síntomas menos intensos y una menor probabilidad de trastornos biológicos. Ésta puede aparecer, por ejemplo, en respuesta al duelo.
Depresión “endógena”, en la que no hay una causa clara. Se observan síntomas más graves (p. ej., ideas suicidas) y existe una mayor probabilidad de alteraciones biológicas (p. ej., trastornos del sueño, anorexia, pérdida o aumento de peso). Las depresiones que presentan alguna de estas características tienden a responder mejor al tratamiento farmacológico.

Teoría monoaminérgica de la depresión
Durante muchos años se pensó que la depresión se debía a una actividad reducida de las monoaminas (dopamina, noradrenalina). Esta observación explica porqué:
Los inhibidores de la monoaminooxidasa pueden mejorar el estado de ánimo al reducir el catabolismo de las monoaminas.
Los antidepresivos tricíclicos pueden mejorar el estado de ánimo al bloquear la recaptación de noradrenalina en la hendidura sináptica.
La reserpina produce un síndrome seudodepresivo en modelos animales porque causa una depleción de aminas.
La metildopa produce depresión porque inhibe la síntesis de noradrenalina.

La teoría monoarninérgica no puede explicar por qué:
La anfetamina, la cocaína y la L-dopa, todas las cuales influyen en los sistemas monoaminérgicos, no elevan el estado de ánimo en pacientes deprimidos.
Los antidepresivos atípicos (p. ej., el iprindol) actúan sin intervenir sobre los sistemas monoarninérgicos.
Existe un retraso “terapéutico” de 2 semanas entre los efectos neuroquímicos plenos de los antidepresivos y el comienzo de su acción terapéutica.

Es improbable que los mecanismos monoaminérgicos por sí solos sean responsables de los síntomas de depresión.

Antidepresivos tricíclicos (ATC)
Esta clase de fármacos actúa reduciendo la captación de noradrenalina y 5-HT en la hendidura sináptica. La imipramina y la amitriptilina son dos ejemplos y tienen una eficacia similar.

El perfil de efectos adversos incluye:
Efectos del bloqueo muscarínico: sequedad de boca, visión borrosa, estreñimiento.
Efectos del bloqueo β-adrenérgico: hipotensión postural.
Bloqueo de la captación de noradrenalina cardíaca, produciendo arritmias (mayor con amitriptilina).
Efectos centrales: sedación (mayor con amitriptilina), convulsiones, manía.
Aumento de peso.
Interacción con alcohol y fármacos antihipertensivos.

En caso de sobredosis, el paciente presenta confusión, manía y arritmias.

La principal indicación de los ATC es la depresión con características “endógenas” y la amitriptilina es útil en las alteraciones del sueño pero debe evitarse si los pacientes están muy apáticos o tienen ideación suicida importante. También son eficaces en los trastornos fóbicos, en el trastorno obsesivo-compulsivo y en el trastorno de pánico.

Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO)
La MAO tiene dos formas principales, MAOA y MAOB, que se diferencian en cuanto al sustrato de preferencia. La inhibición de la forma A se relaciona más con la eficacia antidepresiva. Estos fármacos reducen la actividad de la MAO, actuando preferentemente sobre las terminaciones nerviosas de 5-HT y noradrenalina. Como ejemplos cabe citar la fenelzina (inhibidor irreversible) y la moclobemida (selectivo para la MAOA).

Su perfil de efectos adversos incluye:
Interacción con las aminas de acción indirecta, como la tiramina de los alimentos (queso, vino) o los fármacos de venta sin receta que contienen efedrina o fenilefrina. La inhibición de la MAO en el hígado implica que las aminas que actúan de forma indirecta y que normalmente se habrían metabolizado, pueden acceder a la circulación sistémica. Esto produce una liberación de noradrenalina, con un incremento importante de la presión arterial y posiblemente la muerte debido a un accidente cerebro vascular.
Estimulación del sistema nervioso central: excitación, temblor.
Bloqueo simpático: hipotensión.
Bloqueo muscarínico: sequedad de boca, visión borrosa, estreñimiento.
La fenelzina puede ser hepatotóxica.

En caso de sobredosis, los pacientes presentan convulsiones.

Los IMAO, particularmente la moclobemida, se utilizan en la depresión grave.

Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)
Los ISRS son tan eficaces como los ATC, lo que sugiere que los mecanismos serotoninérgicos son, más que los relacionados con la noradrenalina, los responsables parte de la depresión. La f1uvoxamina y la fluoxetina son dos ejemplos de esta clase de fármacos.

Su perfil de efectos adversos es mucho más benigno que el de los ATC o los IMAO, dado que se producen interacciones con las aminas, acciones anticolinérgicas, bloqueo adrenérgico ni efectos tóxicos en caso de sobredosis; sin embargo, incluye:
Náuseas y cefalea.
Insomnio.
Un síndrome serotoninérgico raro con hipertermia y colapso cardiovascular cuando se utilizan conjuntamente con IMAO.

Los ISRS son los antidepresivos más prescritos.

Litio
Administrado en forma de carbonato de litio, actúa como estabilizador del estado de ánimo con actividad anti maníaca y antidepresiva. Su utilización se limita al tratamiento del trastorno bipolar. Su mecanismo acción no se conoce con claridad, pero probablemente implique una modulación de las vías del segundo mensajero del AMPc y el inositol trifosfato (IP3).

Tiene una ventana terapéutica muy estrecha, porque que los niveles plasmáticos de litio deben controlarse estrechamente debido a sus graves efectos adversos:
Sistema nervioso central: temblor, debilidad muscular, cefalea.
Náuseas y vómitos.
Diabetes insípida nefrógena.
Hipotiroidismo.
Edemas y aumento de peso.

En caso de sobredosis los pacientes presentan vómitos, diarrea, temblor, ataxia y coma.
Antidepresivos atípicos
Dos ejemplos de antidepresivos atípicos son la mianserina y el iprindol. Su mecanismo de acción es común y, en el caso del iprindol, carece de efectos, sobre los mecanismos monoaminérgicos.

Antipsicóticos (neurolépticos)
Los fármacos antipsicóticos se utilizan para tratar la esquizofrenia, que puede considerarse como un conjunto de pensamientos, percepciones y conductas desordenados. Algunos síntomas tienden a aparecer agrupados y pueden describirse diferentes tipos de esquizofrenia de acuerdo con esta agrupación:

Síntomas positivos (delirios, alucinaciones, alteración del razonamiento).
Síntomas negativos (retraimiento social, falta de impulsos, trastornos conductuales).

La forma de presentación y el patrón de la enfermedad son muy variables. Por lo general, los síntomas positivos tienden a aparecer de forma aguda y a continuación se desarrolla un curso crónico con mayor participación de los síntomas negativos.

El 1% de la población padece esquizofrenia (un hallazgo presente en muchas culturas); en el 75% de los casos comienza entre los 17 y los 25 años y el 64% de los pacientes son varones.

Teorías sobre el origen de la esquizofrenia
Cualquier teoría sobre el origen de la esquizofrenia debe contemplar los factores genéticos (en el 50% de los casos, ambos gemelos monozigóticos tendrán esquizofrenia, pero sólo la presentarán los dos dizigóticos en el 17% de los casos) y los ambientales (los episodios estresantes con frecuencia preceden a la aparición de la enfermedad e influyen en su evolución).

1-Teoría dopaminérgica: aumento de la transmisión dopaminérgica:
•Una evidencia a favor es que la dosis clínica de un antipsicótico es proporcional a su capacidad para bloquear los receptores D2. En los estudios realizados
con PET se detecta un aumento de los receptores D2 en el núcleo accumbens. Los efectos adversos psiquiátricos se observan con los fármacos que incrementan la transmisión dopaminérgica (L-dopa, anfetaminas, bromocriptina).
•Una evidencia en contra de esta teoría es que el nivel de metabolitos de la dopamina en el líquido cefalorraquídeo de los pacientes es normal o bajo. Esto indica que la dopamina no es el único factor responsable de los síntomas.

2-Teoría evolutiva: trastorno del desarrollo:
•La evidencia a favor de ésta es que los pacientes esquizofrénicos tienen una reducción del tamaño del lóbulo temporal en comparación con los controles.
Los recién nacidos en los meses de invierno tienen más probabilidades de desarrollar esquizofrenia, debido posiblemente a una infección vírica materna antes del nacimiento.
•La evidencia en contra es que no todos los estudios coinciden en sus hallazgos y que la teoría no explica la eficacia de los agentes neurolépticos.

Efectos adversos de los neurolépticos:
Vías dopaminérgicas
En el encéfalo hay tres vías dopaminérgicas principales:
•Dopamina mesolímbica, que va desde el mesencéfalo al núcleo accumbens y la amígdala, influyendo en el pensamiento y en la motivación.
•Dopamina nigroestriatal, que se dirige desde el mesencéfalo a los núcleos caudados, influyendo sobre el control motor.
•Dopamina tuberoinfundibular, que va desde el hipotálamo a la glándula hipofisaria, regulando la secreción de prolactina.

El perfil de efectos adversos de los neurolépticos se explica por:
•La alteración de las vías dopaminérgicas.
•El bloqueo de los receptores muscarínicos.
•El bloqueo de los receptores α.

Fenotiazinas
Estos compuestos se dividen en tres grupos de acuerdo con la cadena lateral presente en la fórmula general que produce diferentes patrones de efectos adversos:
•Las cadenas laterales alifáticas (p. ej., en la clorpromazina) producen sedación intensa, efectos colaterales autónomos moderados y alteraciones motoras extra piramidales también moderadas.
•Las cadenas laterales piperadínicas (p. ej., en la tioridazina) producen sedación moderada, más efectos autónomos y trastornos motores extra piramidales leves.
•Las cadenas laterales piperazínicas (corno flufenazina) producen sedación escasa, efectos leves autónomos y trastornos motores extra piramidales intensos.

Tioxantinas y Butirofenonas
Estos dos grupos de compuestos tienen un perfil similar al grupo de las fenotiazinas piperazínicas, con escasa sedación, efectos autónomos leves y trastornos motores importantes.
•El flupentixol es una tioxantina.
•El haloperidol es una butirofenona.

Neurolépticos atípicos
Los fármacos que tienen acción antipsicótica pero que producen efectos adversos motores menos intensos se denominan “atípicos”.

La clozapina tiene efectos bloqueantes de la 5-HT, α-adrenérgicos y de la histamina. Tiene una mínima actividad antidopaminérgica central, por lo cual produce pocos efectos adversos extra piramidales. El principal riesgo de su utilización es la agranulocitosis y que los pacientes necesitan controles estrictos. Es particularmente útil en aquéllos que son refractarios a los antipsicóticos clásicos o en los que presentan efectos colaterales graves.

Otros fármacos que están adquiriendo popularidad debido a su perfil favorable de efectos adversos incluyen:
•Risperidona.
•Olanzapina.
•Quetiapina.
•Amisulprida.

Perfil global de efectos adversos de los neurolépticos
A pesar de que los efectos autónomos, endocrinos, conductuales y motores se explican por las alteraciones evidentes que causan en la función del transmisor, existen otros efectos:
•Respuesta tóxica. Agranulocitosis por depresión tóxica de la médula ósea, particularmente con la clozapina. La ictericia colestásica aparece en el 2-4% de los pacientes. Los exantemas cutáneos se observan en el 5% de los casos.
•Problemas oculares. Clorpromazina y Tioridazina causan depósitos en la córnea y el cristalino.
•Síndrome neuroléptico maligno. Una respuesta idiopática caracterizada por fiebre, alteraciones motoras extra piramidales, rigidez muscular y coma.

FUENTE
- Lo esencial en Sistema Nervioso, Segunda Edición por Charles Briar, Daniel Lasserson, Carolyn Gabriel y Basil Sharrack. Editorial Elsevier.


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